"...Nos vas a buscar y nos vas escuchar..."

Huellas

Este fue editorial de mi programa de Radio que los sábados de 19 a 21 QUINTAESENCIA.
Pero como se lo dedique a el otro creador de este blog, me parece que merece estar acá también.
Quizás sea difícil de entender para quienes no viven en mi pueblo, pero se que de todas maneras uno se puede encontrar en este texto. Todos tenemos en el corazón ese lugar en el mundo que soñamos o recordamos, si es que tuvimos la suerte de vivir en el. Humildemente para ustedes y para también para los amigos que si conocieron el pueblo que yo recuerdo y podrán recordar sus propios detalles.

Huellas.

Ayer estuve leyendo Argentina Pueblo a pueblo, una idea del diario Clarín que tal vez muchos conozcan y que ya va por su segunda parte. Para los que no saben de que se trata, la cosa viene más o menos así, son una mil historias contadas por gente común y que tratan de pintar una visión del pueblo que cada uno lleva en su corazón. Hay pueblos de todo el país, bueno de casi todo porque de Santa Cruz hay una sola historia y contada por un chubutense. En realidad supongo que porque nadie escribió, porque para contar hay mucho.

Después de un rato de leer, como era de esperarse, me vino un poco de nostalgia. Yo se que hay quienes tienen mucho mas para recordar porque conocen nuestro pueblo desde que eran unas pocas casas. Pero por estos días en que se cumplen 25 años de mi llegada a Calafate, quiero de alguna manera recordar y traer al presente algunas cosas que ya no están, pero que si miramos bien todavía se pueden ver.

Mas de uno recordara la Pizzería Onelli, donde hoy esta Acuarela y que antes de ser Onelli fue OK, un lugar que yo no conocí pero que fue punto de reunión de muchos jóvenes de comienzos de los 80. Del kiosco Chalten se acuerdan muchos mas, aunque no se si todos saben que antes estaba pegado a lo que es hoy el Choike en un local angostito y que el Choike era Casa Plantas.

Yo me acuerdo mucho de Casa Padin, pero no donde esta ahora, sino en un edificio viejo y de ladrillos en la esquina de lo que hoy es Calafate Hostel, y al frente La panificadora moderna. Ahí en Casa padin fue el primer lugar donde viví, en la casa de mi tío Carlos. Y otro recuerdo es ahí a la vueltita nomás la panadería de Moricheli, con esas facturas que cada vez que las pienso las recuerdo mas ricas.

Yo conocí la YPF sin techo en playa de los surtidores y me acuerdo del pozo enorme que hicieron para cambiar los tanques cuando se vino la renovación. Por aquel entonces era la única estación de servicio.

A ver quien se acuerda de cuando no había cable y la tele empezaba a la cinco con dibujitos y después a volver a la canchita del barrio.

Yo crecí en el San José obrero, jugando al fútbol todo el día, lo que no quiere decir que en algún momento haya sido bueno. Yo leí la Voz del Lago editada por el recordado Osvaldo Bos.

Otro recuerdo que me viene inmediatamente a la cabeza es Javier, un perro callejero que era propiedad del todos los alumnos del colegio secundario Nº 9; iba a donde los chicos estuvieran y murió en su ley haciendo calle una tardecita en que lo atropellaron frente a la plaza Perito Moreno, cuando era de tierra y tenia cerco de piedra y troncos en el frente. Yo fui al secundario cuando todavía no tenia edifico, se cursaba a la noche en la EGB nº 9 y mi promoción fue la primera en egresar de edifico en el que esta actualmente el polimodal Nº 9.

Yo cruzaba el campo del correo, que tenia tres antenas para el telégrafo, mucho antes de que existiera la Terminal de ómnibus. Las compras eran en el Mercado Calafate o en Supermercado Berberena. Me vestí con ropa de Casa Araneda y empecé a salir con la chica que mas me gustaba una noche después de Tío Cacho. Alquile bicicletas en el kiosco al lado del puente y allá donde hay unos galpones de una empresa de transporte el barrio las piedras supo tener una placita.

He vuelto a cualquier hora a casa después de pescar todo el día en el arroyo, o de bañarme, de perderme en el cañadon y llegar a casa justo para calmar los nervios de mi madre que salía de la preocupación para entrar en la locura y querer matarme por volver a esa hora y todo mojado.

Más de uno debe recordar el cambio del gas, y no me refiero al del último año de la mano de los muchachos de Wine Time, sino de cuando por primera vez llego el gas y abandonamos la leña y el carbón que usábamos para calefaccionar. El olor de la ceniza es algo que supera mi imaginación y se instala presente como si fuera de anoche y con la casa un poco fría llenábamos la salamandra para que tome temperatura otra vez.

Yo viví en otro pueblo, uno que solo tenia pavimento sobre libertador y hasta el Consejo Agrario nada más. Uno en el que los árboles se plantaban en lugar de cortarse en esa feroz locura de construir cada centímetro del terreno, ese aprovechamiento maniaco de cada rincón del espacio disponible.

No reniego del presente en absoluto, miro con nostalgia lo mucho que fue pasando y como algunas cosas empiezan a quedarse afuera. Las viejas construcciones del pueblo no fueron invitadas al nuevo Calafate y los árboles mas altos y mas viejos, esos que vinieron con los primeros pobladores, tampoco.

Tengo la sensación de que algo quiere llevarse el alma de este lugar, esta llevandose las raíces y cuando uno olvida de donde viene, difícilmente recuerde para donde iba o para qué. Si eso pasa en algún momento, espero no estar, no me avisen, no me busquen. Ese día me voy a ir a jugar un picado con los chicos a otro barrio, alguno que se parezca un poco mas al San José obrero.