"...Nos vas a buscar y nos vas escuchar..."

OASIS

OASIS En un mundo de distancias, de reparos, de profundos e inagotables conflictos; en un mundo en que casi no da tiempo a detenerse en ningún lugar, a estrechar lazos con nadie, a disfrutar de la relación con los que son como nosotros; este lugar de aceleración constante, de cafés rápidos, de comida pre-cocinada de dudosa composición, de índices de natalidad bajos, de nivel de vida alto, de fronteras ético-morales contra las apetencias del individuo, de creciente endeudamiento, de disminución de la cultura y aumento de esos entretenimientos televisivos facilones que sólo pretenden aborregar al personal. En este mundo de prisas en que las pausas no merecen demasiado la pena, me detengo por un instante en el placer de una buena caricia. Las caricias son una inequívoca y suave muestra de cariño. Son un regalo barato y de enorme valor, una transmisión de afecto que dispara la tensión de nuestros sentidos. Vienen para recordarnos que el placer entre dos cuerpos no es exclusiva propiedad del sexo. Una caricia nos recorre, nos dice que nos quieren, nos estimula; viene para traer de vuelta los recuerdos que sus sensaciones nos trajeron desde siempre. Existen desde que nacemos; las recordamos, las disfrutamos, nos hacen cerrar los ojos y viajar a través de ese estado de embriaguez que nos otorgan. Una caricia es el viaje de sentimientos afectuosos desde un cuerpo a otro. Cuando recorre nuestra espalda, nuestro rostro; esa que se dibuja en nuestro antebrazo y nos hace siempre sonreír. El mundo de las caricias, más allá de cualquier otro, es un apetitoso y refrescante oasis. Un avituallamiento en que detenerse por un instante a empapar de bienestar el caluroso desierto del mundo.