"...Nos vas a buscar y nos vas escuchar..."

CONSIGNA DE LA SEMANA:

En estos que-haceres de la vida uno/a se ve (en ocasiones) con la necesidad de echarse una mentirita de esas que llamamos "piadosas" o simplemente: "con buena intención".

Son esas mentiras las que nos pueden sacar de un apuro y dejarnos en la mejor posición o catapultarnos in-eternum a la más miserable de las situaciones (al punto que de solo recordarlas, volvemos a pasar por un momento de verguenza aún estando solos con nosotros mismos)

Entre miles de ellas, (no sé muy bien porque), recuerdo una que todavía me sonroja cuando llega a mi mente...

Quizá no sea una gran historia pero tal vez sea de las que mas me hicieron sentir un: "boludin"

Eso alcanza!

Los que me conocen saben que mi origen está en El Calafate, un pueblo ahora en expansión pero que (hasta hace muy poco) supo ser un pueblito (sí, lo juro), con los mismos vecinos, los mismos negocios, la misma dinámica de cualquier otro pueblo...

En aquella época era muy común que algun vecino (ó simplemente conocido) parara con su coche y te quedara mirando como invitándote a subir para alcanzarte a algun lado, por ello no me llamó la atención cuando "Humberto", (nombre ficticio obvio), se paró a mi lado con su camioneta y me miró por la ventanilla.

Me pareció un tanto raro pero solo un tanto, ya que como les conté antes, eso podía ser normal en mi viejo pueblo, pero lo raro era que con "Humberto" mi relación era solo visual, motivo por el cual estaba mas desconcertado aunque acepté la oferta y sin mediar palabras me subí a su camioneta intentando sacar tema de donde no había...

De repente sentí una extraña incomodidad que se percibía en ambos, y al girar la cabeza pude ver que otra camioneta empujaba a la de "Humberto" intentando que arrancara, y con su último empujón había llegado justo a la misma altura por donde yo venía caminando...

La verguenza se apoderó de mí y no se me ocurría ninguna frase inteligente para salir de esa situación, mi cerebro me había abandonado (y a él también creo), así que solo me quedó decir

la frase mas estúpida que podía esbozar: "bueno Humberto, mejor voy caminando, no te preocupes"... De qué se iba a preocupar???, en fin, aún desde ese día no consigo mirarlo a la cara, me cruzo de vereda cuando lo veo venir y me aseguro que su camioneta funcione por mérito propio y no por la ayuda de otra.

Tenés alguna historia de estas para contarnos?, animate, decinos en que situación te viste obligado a mentir piadosamente y cual fue el resultado.